La invasión de los juegos invisibles

He dado dinero a cambio de nada. He pagado 45 machacantes por un juego que aparecerá de repente en mi consola, sin tener que salir de casa. De hecho, sin necesidad de realizar más movimientos que el de mi cuenta bancaria y el del stylus sobre la pantalla táctil. He comprado la versión digital de Pokémon X para 3DS. El mismo precio que me costaría la versión física con su caja y su cartucho, incluso algo más caro que en alguna gran tienda revientaprecios. Y no soy el único. Los juegos invisibles nos están invadiendo.

Cuentan los topicaz… las leyendas que en los patios del colegio, hace tiempo, se libraba la guerra entre los de Nintendo y los de SEGA. Dos bandos irreconciliables que al final… bueno, que resulta que es cierto eso de “nunca digas nunca”. Quizás dentro de unos años contaremos batallitas de Cranky Kong sobre los tiempos en los que los juegos venían como en unas cajitas, cuando los juegos no venían a nosotros, sino que teníamos que ir a donde estaban ellos e interactuar con otras personas para conseguirlos. Es posible que hablemos de dos bandos: los que protegían esos sagrados tesoros colocándolos en sus estanterías por orden alfabético y los herejes que no tenían respeto alguno por aquellas carcasas de plástico, o esos discos y su sagrado halo a la luz de las bombillas, unos locos iluminados que coleccionaban almas de juegos, que creían que lo importante es el interior.

Los que, poco a poco, hemos pasado de renegar del formato digital a adquirir a lo tonto cada vez más juegos de las tiendas virtuales quizás estemos dándonos cuenta de que realmente nunca hemos pagado por una cajita con un disco y, con suerte, un manual dentro, sino por un servicio. Pagamos por entretenimiento. Por diversión, por aplastar champiñones con patas, por pegarle tiros a unos rusos virtuales en una partida con americanos gritones, por sentirnos deportistas de élite sin necesidad de quemar una sola caloría, por poder juntar a los amigos en casa para destrozar algunas canciones ahorrándonos el pagar por garrafón en el karaoke de la esquina.

El acto de soplar el cartucho o admirar la colección tras asegurarse de que las cajas están bien alineadas en las estanterías puede ser uno de los grandes placeres de la vida para los más coleccionistas. Tan respetable como coleccionar conchas de caracol o los libros de cocina de Mariló Montero. Esa afición por coleccionar, contemplar y, si da tiempo, jugar suele ser defendida con fervor por muchos que se autoproclaman como verdaderos amantes del videojuego. Los que siempre intentan reafirmarse enarbolando la bandera de que los juegos eran mejores cuando los píxeles eran del tamaño de su bocata de nocilla rancia, y en muchos casos auguran que un mundo con cada vez más juegos en formato digital dibujará un panorama más apocalíptico que el de The Last of Us. A todos nos gustan las cosas bonitas y bien puestas, y recordamos con cariño esos momentos en los que el peor problema del mundo era que mamá nos castigara sin consola. Pero, en cierto modo, eso no es amor por el videojuego. Lo que tú sientes se llama obsesión. Como dicen en los concursos, hemos venido a jugar. Nadie es más por tener más, y eso se aplica también a los que sentimos pasión por los videojuegos. Jugar es lo principal. Lo demás son adornos. Quien juega en formato digital también juega. ¿Hacía falta decirlo?

Cuantos más juegos precintados tienes, más amante de los videojuegos eres.

Amor por los videojuegos en estado puro.

En cualquier caso, se puede tener una sensación de coleccionismo virtual. Que se lo digan a Steam y sus cromos, o a los que juegan hasta a los juegos de Barbie sólo por poder fardar de lo larga que tienen la lista de logros. Y qué leches, seguro que no soy el único al que le gusta ver ordenaditos mis juegos descargables, organizarlos por carpetas en el menú. Otros ordenan cuidadosamente sus temporadas de series piratas en el disco duro y eso no impide que se sientan los mayores fans de Walter White.

Que los juegos digitales también tienen sus ventajas: no ocupan espacio en la habitación, no cogen polvo, están a salvo de que tu gato (o ese típico examigo) los use para afilarse las uñas y están siempre disponibles para que los juegues en la consola. Si te la llevas, van contigo. Bueno, en el caso de las consolas Nintendo… si se te va la consola, se te van los juegos. En Nintendo hay, o al menos ha habido, unos cuantos visionarios, pero a veces no ven venir las cosas. Han pasado años hasta que han conseguido crear una plataforma de distribución online propia y más o menos integrada, la eShop. Atrás quedaron ya WiiWare y DSiWare, servicios propios de cada plataforma, pero que siguen coleando en cierto modo con otro nombre, porque la eShop sigue siendo un servicio incompatible entre 3DS y Wii U, y que asocia los juegos a la misma consola en la que son descargados. Si explota, si te la roban… los juegos descargados se van con ella. Nintendo, a estas alturas nadie te puede reprochar que le copies algo a Sony y su PSN.

Quién sabe, también es posible que el formato digital acabe por facilitar la retrocompatibilidad. Que la nueva consola siga funcionando con la misma plataforma online y que por tanto nuestra biblioteca de juegos nos acompañe en cada nueva consola que vayamos adquiriendo, y todos esos juegos sigan funcionando con un emulador oficial. Suena más sencillo que incluir en la nueva máquina una ranura o lector para meter los discos del formato en el que venían en su predecesora.

Pero claro, lo digital también tiene inconvenientes: al no estar en un formato tangible, no puedes hacer lo que quieras con él, y eso incluye venderlo para recuperar parte de la inversión o prestárselo a tu primo. Poquito a poco, buscando un equilibrio que consiga lo mejor para los intereses tanto de la empresa como del usuario, que tampoco es cuestión de hacer un Don Mattrick. Y sí, una plataforma online puede acabar cerrando y todos tus juegos pueden desaparecer. Y pueden hackear tu cuenta. Pero al fin y al cabo, pueden entrar en tu casa y saquear tu habitación. Rare puede seguir sepultando su legado bajo juegos peores. Miyamoto se va a morir algún día. Cosas que pasan.

Por supuesto, los cambios traen consigo incertidumbre. El formato digital trae beneficios a las desarrolladoras de videojuegos, que empiezan a crear sus propias plataformas digitales para distribuir directamente sus juegos, sin intermediarios ni tiendas que se lleven parte de la tajada. Claro, eso supone unos gastos en infraestructura, mantenimiento de servidores, esas cosas. Eso también cuesta dinero. Quizás más de lo que cuesta una cajita de plástico y planchar un DVD.

Pero a las empresas de videojuegos les interesa que sus productos estén en las estanterías de una tienda física, que alguien se los pueda encontrar de casualidad en una tarde de compras y acabe pasando por caja gracias a una carátula atractiva o un niño lo suficientemente llorón. Poca gente entra en una plataforma online “a ver qué hay”, pero sí se da vueltas con sus colegas por las tiendas por pasar el rato. Y de ahí salen muchas compras más o menos compulsivas. No sería raro que dentro de unos años todo esto lleve a que sólo podamos comprar en tiendas cajas de plástico con su bonita carátula pero sólo un código de descarga en su interior. Vamos, que podremos seguir limpiándole el polvo a las cajas en las estanterías. ¡Todo son ventajas!

Pase (online) y vea.

Pase (online) y vea.

El caso es que últimamente le hemos perdido el miedo a pagar por la nada. Incluso estamos empezando a ir más lejos: pagar por juegos que ni siquiera existen. No, no me estoy crowdfundiendo, está ocurriendo de verdad. En fin, que están pasando cosas a nuestro alrededor pero seguimos pudiendo jugar, y hay muchos buenos juegos, más que nunca.

Por lo tanto, antes de criticar deberíamos recordar que ni el juego digital es el Apocalipsis ni el formato físico la panacea. Ni tanto, ni tan Phil Harrison. Que puede cambiar el continente, pero lo que debería interesarnos es el contenido. Que esta parrafada no sería mejor si estuviera impresa en papel.

Nacho Bartolomé

Soy periodista. Disfruto con las palabras, los juegos y los juegos de palabras. He colaborado en medios especializados como Revista Oficial Nintendo, Hobby Consolas y Games Tribune. Soy la mitad del canal Nintendatos y coperpetré el podcast Machacándonos el Joystick.

  1. RetroMaquinitas

    ¡Buen estreno Nacho! Es un tema tan interesante como importante – y con algunos elementos filosóficos, como el hecho que las descargas digitales – como en Steam – no son explícitamente tuyas. Si mañana se va Steam, tus juegos se van con él. Y considero que es un punto importante si pagas por el juego. Claro está que la justificación es la que tu mismo dejas en el artículo: que descargas “la experiencia”. Un tema del que podríamos hablar largo y tendido – y también discutir sobre los precios. Yo soy de los que admiro las cajas y los manuales de la NES, pero no renuncio para nada a un Steam. Para mí, lo que sí es cierto, es que los considero en planos distintos. Un FEZ en caja tendría tan poco sentido como un Mario sin la suya.

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  2. José Guillermo Gutiérrez Martínez (Mith)

    Pues a mí un FEZ en caja me gustaría, Marçal 🙂

    Yo creo que he logrado cierto equilibrio, ya que aunque siento afecto por Steam (aunque creo harto difícil su desaparición) estoy precisamente ahora creando una pequeña colección de juegos de Mega Drive.

    Muy en el fondo, allá cada uno. Pero, en la superficie, pienso que, como bien dices al final, ni uno es tan malo ni otro tan bueno, y de ambos se puede sacar provecho.

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  3. Narfm

    En primer lugar, felicitarte por el estreno. Me ha gustado mucho el artículo.

    Metiéndonos ya en materia… Sí, es cierto que si cierra Steam, o eShop, o PSN perderemos nuestros juegos comprados en la plataforma (o quizá puedan hacer algo para descargarlos en una unidad de almacenamiento), pero creo que es más improbable eso a que nuestras consolas dejen de funcionar. Que si unidades ópticas rotas, que si cartuchos con los pines hechos cisco o televisores que presentan ciertas incompatiblidades (de eso el amigo RetroMaquinitas sabe mucho, y su Jaguar aún más).

    Y en el caso de que cerraran, ¿qué más da? A ver, no me peguéis aún. Pensad: ¿cuánto hace que no volvéis a jugar un juego que habéis completado al 100% previamente? No creo que fuera un problema tan grande, porque lo que cuenta es la experiencia que hemos vivido, la experiencia por la que hemos pagado.

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  4. Ferran

    El que ha sufrido en su casa la colision entre hijos y juegos en CD/DVD (donde el 99% de las veces sale perdiendo el CD/DVD), sabe que steam es una bendición. Además, sin la descarga digital no existirian el 80% de juegos indies como minecraft o terraria, por que nadie habria pagado 40 o 50 euros por minecraft en su cajita con sus instrucciones.

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  5. tifita

    Buen artículo.

    Yo la verdad es que no entiendo cómo un juego que no ha tenido que pasar por los costes que supone tenerlo en formato físico, valga igual o más. Me parece absurdo. ¿Qué sentido tiene?

    Además, los inconvenientes que planteas. ¿Y si ya no me gusta y quiero revenderlo? ¿Y si quiero prestárselo a un amigo? No, no puedo hacerlo y eso que ya he pagado por él…

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  6. Nacho Bartolomé

    Gracias a todos por los comentarios.

    Sí, el tema tiene hasta implicaciones más profundas que el “es que yo quiero ver el juego en la estantería”.

    A mí me ha hecho replantearme por lo que estoy pagando, y me he dado cuenta de que pago por jugar, y que al final las cajas físicas me dan más quebraderos de cabeza (entre limpieza, transporte, desperfectos…) que otra cosa.

    Yo tampoco le veo mucho sentido a que un juego digital valga más que uno físico, pese a las ventajas que ya hemos comentado. Puedo llegar a entender que valga lo mismo teniendo en cuenta que esas plataformas online implican también unos gastos de mantenimiento, personal, servidores y más. Y que por tanto puedo suponer el extra en el precio que se ahorran en el plástico y el papel de la carátula. Pero sí estoy dispuesto a pagar lo mismo por un juego digital que por uno físico. Oye, que hasta me ahorro el billete de autobús a la tienda.

    Ahora lo que toca es pedir a las grandes empresas que vayan añadiendo posibilidades que animen cada vez más a adquirir juegos en formato digital: posibilidad de prestárselo a amigos o revender el juego (aunque sólo sea en saldo para comprar un nuevo título en la tienda virtual de marras…).

    Hay títulos que además, se prestan a las partidas cortas y continuadas en el tiempo, y el formato digital es perfecto para esos 20 minutejos diarios sin tener que llevarte varios cartuchos a todas partes. Como Animal Crossing y Pokémon, por ejemplo. De momento sigo pensando en valorar qué tipo de uso le voy a dar a cada juego para decidir si lo compro en digital o en físico. Pero es algo que hace un par de años ni me plantearía. Así que no descartemos que un par de años nuestras visitas al GAME sean un recuerdo, como las que hacíamos a los videoclubs…

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  7. Musedoom

    Muy interesante el tema que tocas.

    Yo personalmente no soy de los que escogen uno u otro bando, ni blanco ni negro. Osea, que estoy a favor tanto del formato físico como del digital.

    Sin embargo, y aceptando y gustandome ambos, prefiero el formato físico.

    Me gusta tener las cajas de los juegos y su manual tanto como me gusta tener los libros de papel, es algo especial. Pero también tengo algunos juegos digitales.

    Y además las versiones digitales, en teoría, van a estar siempre ahí y siempre podré comprarla de nuevo cuando cuesten pocos euros en caso de que mi versión física se estropee.

    Buen artículo.

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