La rape culture en Life is Strange

Este texto contiene spoilers de la trama de Life is Strange.

Rape culture (cultura de la violación) es un término que fue acuñado en los años 70 durante la segunda ola del feminismo y que hace referencia a la normalización de la violación a través de actitudes sociales sobre género, el sexo y la sexualidad.

Entendemos la cultura, desde un punto de vista sociológico y antropológico, como aquello que engloba a las personas de una sociedad. Es por ello que resulta difícil comprender lo que es la cultura de la violación, pues es evidente que nuestra sociedad no promueve la violación abiertamente; no es algo de lo que participa la sociedad en su conjunto. Por eso es importante entender que el concepto de rape culture se refiere a algo que queda implícito: prácticas culturales que excusan y toleran la violencia sexual. En definitiva, es la forma colectiva en la que pensamos sobre la violación.

La violencia contra la mujer* es tan normal que es casi invisible. El cine, la literatura, la música, la moda y, especialmente, la publicidad cooperan para transmitir el mensaje de que las mujeres son objetos cuya mera existencia tiene sentido si son usadas, abusadas y explotadas. No es una exageración. No es una gran hipérbole que pretenda pintar a todos los hombres del planeta como monstruos violadores.

La cultura de la violación transmite un único mensaje: el valor de la mujer reside en el beneficio que otras personas pueden sacar de sus cuerpos. El cuerpo de la mujer es visto como una invitación, como una provocación constante para el hombre. Además, el cuerpo de la mujer carece de autonomía: es de los demás siempre. Está expuesto continuamente a la opinión popular, a la crítica, a la objetivación y sexualización.

El sistema patriarcal alimenta la cultura de la violación y protege a quienes la perpetúan, directa o indirectamente. El violador no siempre es castigado. ¿Y la víctima? Siempre. «¿Qué llevabas puesto? ¿Estabas borracha? ¿Estás segura de que no le provocaste?» La víctima no sólo sufre la agresión del violador sino que también sufre el infinito interrogatorio de todas las personas que la culpan. Así funciona la cultura de la violación.

Y esto tampoco es una exageración. No son pocas las mujeres que han sido víctimas de violación y abusos sexuales cuyos testimonios se han puesto en duda y, además, han sido objeto de burla. Casos como el de Amanda Todd, Audrie Pott o los publicados en No Son Depravados, un proyecto español de visibilización de acoso y abuso sexual sufrido desde la infancia, mayoritariamente por mujeres. En la mayoría de las ocasiones, las víctimas sienten culpabilidad porque la cultura de la violación les ha enseñado que son culpables.

Por si fuera poco, también se espera un cierto comportamiento por parte de las víctimas. Después del revuelo que causó la performance de Emma Sulkowicz en protesta contra la Universidad de Columbia –que se negó a tomar medidas después de que la estudiante fuese violada–, surgió el debate de cómo la sociedad espera que las víctimas actúen. En Twitter, muchas mujeres compartieron sus experiencias a través del hashtag #TheresNoPerfectVictim (“NoHayVíctimasPerfectas”). La sociedad patriarcal espera que la víctima quede traumatizada y que esto sea visible, que sea exteriorizado. La sociedad patriarcal quiere mujeres vulnerables, sometidas.

Todo esto está presente en Life is Strange (Dontnod Entertainment, 2015): la cultura de la violación, las víctimas perfectas –y las no tan perfectas– y los hombres que actúan bajo el amparo del patriarcado y de la violencia estructural contra la mujer.

En esta aventura gráfica se pueden identificar dos tipos de víctimas: aquella que encaja con los estándares que la sociedad establece y aquella que rompe todos los esquemas. Chloe Price es todo lo contrario a lo que la sociedad espera de una víctima de abuso: no expresa culpabilidad ni vulnerabilidad y se muestra violenta hacia su agresor, Nathan Prescott. Además, su aspecto físico –pelo teñido de azul, tatuajes– y su actitud desafiante y rebelde –fuma, bebe, tiene poca consideración por la ley– reducen su credibilidad.

Desde el principio del juego queda bastante claro que Chloe no puede acudir a las autoridades para denunciar el abuso recibido por parte de Nathan. Todo lo que le ocurre, a los ojos de los demás, es el resultado de su mal comportamiento. Es por ello que nadie creería que Nathan la había drogado para aprovecharse de ella porque seguramente ella había bebido o fumado de más y se lo había buscado.

Por otra parte está Kate Marsh, la víctima perfecta. Después de una fiesta en la que Kate dice haber perdido el conocimiento a pesar de no haber bebido alcohol, se hace viral un vídeo de ella en el que aparece besando a varios chicos, entre otras cosas. Kate responde como se espera de ella: sintiéndose culpable de sus actos, ahogándose en su tristeza y remordimiento. Se hace cada vez más evidente la gran diferencia –física y psicológicamente– entre estos dos personajes. A Chloe no le pueden machacar psicológicamente por lo que ocurrió porque ella responde con violencia y nunca se somete a la vulnerabilidad que esperan de ella. Kate, en cambio, es el blanco perfecto para culpar y recriminar.

A pesar de que Kate expresa su arrepentimiento, sus compañeros y profesores no eximen su culpa y en ningún momento piensan en apuntar el dedo al verdadero culpable. El acoso y la depresión en la que se ve sumida es demasiado para ella y, al final, Kate decide acabar con su vida saltando desde la azotea de uno de los edificios del campus (si Max no consigue usar sus poderes y salvarla).

Durante estos acontecimientos, al jugador se le presentan las siguientes opciones: cuestionar el testimonio de Kate o apoyarla. Cuando Kate le cuenta lo sucedido a Max, ésta puede proponerle que esperen a encontrar más pruebas (es decir, considerar que su testimonio no es suficiente y, por tanto, inválido) o ir a la policía y denunciar lo ocurrido (creer que Kate dice la verdad y que fue drogada aquella noche). Dependiendo de lo que se elija, el jugador podrá o no salvar a Kate más adelante.

Es interesante cómo Life is Strange introduce esta crítica a la cultura de la violación: presenta situaciones de violencia que –seguramente– le han ocurrido a cualquier mujer a lo largo de su vida y muestra cómo la sociedad responde a través del bullying, el victim blaming y la absoluta falta de empatía de una sociedad cimentada en el machismo. También es curioso observar las estadísticas que proporciona el juego sobre las opciones más seleccionadas por los jugadores: alrededor de un 70% de los jugadores le dijeron a Kate que buscara más pruebas antes de ir a la policía.

El caso de Kate no es el único –como siempre– y antes de ella tuvo lugar la desaparición de la mejor amiga de Chloe, Rachel Amber. A pesar de sus grandes logros académicos, Rachel estaba metida en el mundo de la droga en Arcadia Bay y tuvo una relación sentimental con un conocido traficante. Como le ocurrió a Kate, después de una fiesta del Vortex Club fue drogada, pero no se volvió a saber de ella. Después de un tiempo, la policía y su propia familia dejaron de buscarla, en parte porque –tristemente– se creía que se lo había buscado ella misma con su comportamiento irracional.

En el episodio 3, Max y Chloe descubren unos archivos de Nathan en el ordenador del director Wells. Encuentran un dibujo que pone «Rachel en la Habitación Oscura», dejando en evidencia que Nathan está relacionado con su desaparición. Y a pesar de que el director sabe que Nathan no está muy bien psicológicamente y que ha tenido enfrentamientos con otros compañeros, ¿por qué no se le investiga? ¿Por qué no se duda de él en ningún momento? ¿Dónde está el dedo acusándole?

En el episodio 4, cuando consiguen entrar en la Habitación Oscura, encuentran unas fotos provocativas de Rachel en las que aparece drogada. Chloe reconoce el lugar donde se tomaron las fotos y deciden ir a investigar. Descubren el cuerpo sin vida de Rachel y, más tarde, se sabe que fue Nathan quien la mató –accidentalmente– de sobredosis.

Aunque Nathan, a lo largo de los primeros episodios, parece ser quien está drogando a las chicas y abusando de ellas, se desvela en el episodio 5 que en realidad quien está actuando –siempre desde las sombras y completamente amparado por la sociedad patriarcal– es Mark Jefferson, el profesor de fotografía de Max.

Es un personaje que está desde el principio del juego, con el que se puede interactuar en numerosas ocasiones pero del que no se sospecha porque es simpático, amable con los alumnos e incluso un poco guay para ser un profesor. Pero bajo esa apariencia de persona en la que se puede confiar –él incluso se muestra interesado por el bienestar de Max y del resto de sus alumnos, aunque sea falsa preocupación– se esconde lo que verdaderamente es: un producto del patriarcado.

Independientemente de su cuestionable estado psicológico –que no sirve, en absoluto, de excusa–, Jefferson ejerce una violencia contra las mujeres que está totalmente respaldada por la cultura de la violación y el patriarcado. No quiere decir que la sociedad ve bien el abuso de él hacia sus víctimas; se trata del hecho de que esas víctimas son igual de culpables que él. La sociedad cuestionará cómo llegaron esas chicas a la Habitación Oscura. La sociedad dirá «pero es que se dejaron hacer las fotos». La sociedad mirará mal a Mr. Jefferson, sí, pero jamás sentirá empatía por las víctimas porque ellas se lo buscaron de una manera u otra. Siempre.