Arcade Vintage, una tarde de cinco duros

Fotografía: Marçal Mora.
Edición fotográfica: Marçal Mora y Ricardo Lázaro.

Dentro de la provincia de Alicante y compartiendo núcleo urbano con Elda se encuentra Petrer, una ciudad de 30.000 habitantes conocida por sus monumentos, la fabricación de calzado y desde hace poco más de un año por ser el punto neurálgico de Arcade Vintage, una asociación cultural dedicada a la preservación del videojuego arcade clásico. En uno de los locales comerciales de la villa se encuentra la sede de la asociación, un salón recreativo que sus miembros han creado desde cero para potenciar la perspectiva más social del videojuego y reunir a todo el que sienta nostalgia de aquellos años y lugares de reunión. Allí nos plantamos para conocer un poco más acerca de este proyecto y de las personas que lo lanzaron y sustentan.

No tardamos en localizar el local, fácilmente reconocible por los invaders —el símbolo de la asociación desde su creación— que adornan el lateral de su puerta. La persiana metálica está a medio abrir, señal de que ya desde bien pronto en la mañana hay gente trabajando dentro. Quien nos recibe es José Litarte, de profesión jardinero y presidente de Arcade Vintage, que es con quien nos hemos citado. Con una gran sonrisa en su rostro nos invita a pasar y a conocer lo que esconde dentro esta asociación de amigos de la cultura arcade, una iniciativa única por el momento en España. Aunque el local abrirá al público a las 18:00 horas de la tarde allí se trabaja desde las 09:00, lo normal en un día de apertura, según nos comentan. El local, de unos 130 metros cuadrados, está en plena preparación para su primera apertura del mes, algo que se advierte rápidamente cuando comprobamos que en mitad de la sala hay dos personas más trabajando en la reparación de una recreativa, abierta desde su parte trasera. Son Anna e Iñaki, dos recientes miembros de la asociación que llevan poco tiempo acondicionando el local junto a José.

El espacio en el que nos encontramos está de sobra aprovechado, con al menos media centena de muebles arcade reposando en silencio. No hay apenas espacio entre las máquinas, algo totalmente premeditado para exprimir al máximo hasta el último centímetro cuadrado de la sala. José nos presenta las distintas zonas del salón, tal y como está configurado ahora mismo. Empezamos por la zona de máquinas de los 80, sin duda la más especial de todo Arcade Vintage. «Son máquinas originales que mucha gente no pudo ver en su momento, bien porque eran muy pequeños o porque todavía no habían nacido», nos explica con mucho entusiasmo mientras enciende varias de ellas. «Son videojuegos difíciles  de emular debido a que tienen paneles de control muy distintos», nos dice mientras se acerca a Tempest para que veamos cómo funciona. «Son videojuegos que se juegan de manera diferente a como se juegan en casa, por eso intentamos traer todas las que podemos a la asociación». A su lado diversas máquinas de la época, todas sin joysticks pero con trackballs, potenciómetros o configuraciones de botones bastante curiosas empiezan a emitir sus sonidos para atraer nuestra atención.

Pasamos a otra zona, a la de los años 90, situada justo a la derecha del salón. «En esa década triunfaban las maquinas jamma con tres botones y joystick, ya que permitían cambiar de juego con mucha facilidad. Tenemos varios modelos distintos, aunque mis favoritas son las Videosonic, porque el juego se cambia por delante y no hace falta arrastrar el mueble, que pesa bastante», resume mientras oímos una tonada inconfundible que sale de uno de los muebles que acaba de encender: es la música de Bubble Bobble.

La zona del fondo es la de conducción, donde cuatro asientos de Virtua Racing se llevan toda la atención. «Son de reciente adquisición. De momento se pueden disputar carreras uno contra uno, pero en breve linkaremos los cuatro puestos y se podrá jugar a cuatro manos», nos explica apoyándose en el respaldo de uno de los puestos de juego. A su lado toda una hilera de máquinas señala la zona de peleas. «Aquí están todos los juegos de lucha versus que tenemos en el salón. Es una zona donde siempre hay bastante animación, la gente se pica bastante ya que el que se anima a jugar lo hace porque tiene nivel, ya me entendéis… » dice José mientras en las pantallas vislumbramos dos clásicos atemporales de la lucha, Street Fighter II y Mortal Kombat.

Pero no sólo hay máquinas originales restauradas en Arcade Vintage, sino que también se dedican a hacer sus propias recreativas desde cero, como las de Donkey Me, Vortex Attack o Maldita Castilla, que se alinean en una zona concreta de la sala, al fondo. «Son máquinas que hemos hecho desde cero. Cuando conocimos los juegos nos gustaron mucho, nos parecieron muy arcade, así que pedimos permiso a sus creadores, a Bruneras, Locomalito y Kaleido Games para hacerlas y las construimos. Las llamamos nuestras máquinas de guerrilla porque son algunas de las que llevamos habitualmente a eventos y exposiciones para que la gente juegue fuera de Arcade Vintage. Cogemos una furgoneta y nos las llevamos, vamos donde podamos darle publicidad a nuestro salón. De hecho ya somos bastante conocidos porque al principio éramos nosotros los que teníamos que ofrecernos para ir, pero ahora nos llaman de muchas ferias y exposiciones. Lamentablemente no podemos atender a todo el mundo porque a veces no tenemos forma de desplazar las máquinas o de ir nosotros mismos. No es sencillo».

Al fondo del local se exponen cuatro pinballs en un estado impecable. Allí también está la zona de descanso de jugadores, compuesta por un par de sofás, una mesa —que en realidad es una máquina cocktail apagada— y varias estanterías y vitrinas con consolas en exposición, revistas y libros sobre videojuegos. El centro del local está dominado por dos de los muebles más grandes que posee Arcade Vintage. El primero es el de Out Run, el grande, el hidráulico; el otro es un futbolín. José nos pide que nos acerquemos a verlo. «¿Os habéis fijado en el futbolín? La gente que viene desde Madrid nos dice que los jugadores son distintos, que ellos juegan con jugadores de madera que tienen un taco en vez de dos piernas separadas. Nosotros siempre les decimos que aquí, en la zona de Levante, se juega despatarrado… », nos dice entre risas. La última zona del local, esta vez cerrada, corresponde al ya pequeño taller que la asociación tiene en el salón. En sus inicios la zona era más grande, pero se ha ido reduciendo poco a poco con el paso del tiempo. José nos cuenta el porqué: «Según hemos ido adquiriendo más máquinas hemos tenido que ir reduciendo esa zona por mera cuestión de espacio. No obstante tenemos otro local, aquí cerca, donde guardamos muchas herramientas, máquinas que ahora mismo no se exponen, placas y muchas cosas más», explica. Queremos saber si el local ya se ha quedado pequeño, si la opción de una mudanza planea en el ambiente. «¿Buscar otro local? Ahora mismo es inviable», responde José de manera tajante. «Lo que queremos es dejar éste bien arreglado, trabajarlo más. El día de mañana, si lo conseguimos, quizá nos animemos a buscar otro, pero no por el momento». ¿Podría mudarse Arcade Vintage a otra ciudad con más habitantes?, les preguntamos. La respuesta de José también es clara: «Alguna vez hemos pensado que esto, en una ciudad más grande como Elche o Alicante, tendría mejor acogida. Es una cuestión demográfica, a más habitantes más posibilidades de que haya gente interesada en participar de la asociación. Pero claro, si estando el salón en una ciudad como Petrer los gastos se cubren con dificultad, en una ciudad más grande sería más difícil poder hacerlo, y el riesgo sería mayor».

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El salón de Arcade Vintage está en un local que pertenece a la familia de José, lo que también es una ventaja para la asociación. «Estaba vacío y lo empecé a usar para meter aquí las dos primeras máquinas recreativas que compré y que restauré. Luego, como veis, la cosa se nos fue de las manos», dice riéndose. «Desde hace poco pagamos un pequeño alquiler por su uso, lo que es una gran victoria para nosotros como asociación, ya sólo por el hecho de ser capaces de financiar esta necesidad que lógicamente tenemos». Y es que el principal objetivo de Arcade Vintage es ser autosuficientes en lo económico. «Somos una asociación, esto no es un negocio», deja claro José. «Y menos mal que no lo es, porque si lo fuera ya habríamos tenido que cerrar hace tiempo. Sobrevivimos con las aportaciones de los socios y con lo que pongo de mi bolsillo».

Aunque son ya bastante conocidos en España, el proyecto no deja de ser de reciente creación. «Como asociación llevamos establecidos sólo un año y medio, pero detrás hay casi tres años de trabajo muy duro para que Arcade Vintage sea hoy una realidad». Les preguntamos por los trámites para crear una asociación, para comprobar si a nivel burocrático es complejo o tedioso. «Se hace pesado porque la comunidad autónoma tarda varios meses en darte respuesta, pero por lo demás no es complicado si tienes un buen proyecto y es creíble para una causa cultural sin ánimo de lucro. A partir de ahí no hay mucho más, porque no recibimos ayudas económicas ni nada similar. Aquí en Petrer hay otras asociaciones que sí las reciben para hacer sus fiestas del barrio y cosas así, pero hablamos de asociaciones vecinales de más de quinientas personas. Nosotros somos sólo veinte asociados en este momento, sería imposible que nos concedieran nada. Pero la realidad es que tampoco queremos que nos ayuden económicamente, seguro que hay muchas más cosas en las que el ayuntamiento debe gastar el dinero por el bien del pueblo. Con que nos dejen seguir haciendo lo que estamos haciendo y no nos pongan muchas trabas nos conformamos», nos comentan.

No hay duda de que Arcade Vintage ha puesto la localidad de Petrer en el mapa, convirtiéndola en obligatorio lugar de visita para los aficionados a los videojuegos. A José no le parece que sea algo para sacar pecho, al menos de momento: «Yo creo que somos poco conocidos aún. Ojalá algún día tengamos que sentarnos a hablar con el ayuntamiento, pero de momento eso no ocurre». La web del ayuntamiento de Petrer no tiene a Arcade Vintage dentro de su oferta de ocio, que actualmente se basa en sus monumentos históricos como el castillo-fortaleza o las casas cueva tan famosas en la zona. A José no le preocupa esa circunstancia. «Nosotros trabajamos por dar a conocer este proyecto y que la gente se anime a pasarse por la ciudad a compartirlo con nosotros y disfrutarlo. Si eso beneficia de algún modo a Petrer estupendo, pero de momento lo cierto es que no se da, no podemos engañarnos. Poquet a poquet, como se dice aquí… »

Hablando en el centro del local, rodeados por unas cincuenta máquinas recreativas, preguntamos a José por la titularidad de las mismas. «Son casi todas mías, pero también exponemos máquinas que son de otros socios, como este Gauntlet para cuatro jugadores que tenéis aquí», nos dice señalando un mueble perfectamente restaurado. José no sólo comparte la propiedad de las recreativas expuestas, sino que necesita bastante ayuda de los socios de Arcade Vintage para sacar el proyecto adelante, como se molesta en señalar. «Empecé yo solo pero llevarlo así era imposible. Aquí tenemos trabajo para todo el que se anime a ayudar, desde limpiar el local después de cada día de apertura, reparar una placa jamma estropeada, dar la brasa en Twitter para que la gente venga… Es un trabajo colaborativo», concluye. En las tareas más técnicas José cuenta con la ayuda de dos grandes expertos. «Tenemos la suerte de contar entre nuestros socios con dos magníficos técnicos electrónicos que han trabajado con máquinas recreativas toda su vida y tienen una gran experiencia profesional y conocimientos. Rafa está en Alicante y se pasa habitualmente por aquí; Ricardo está un poco más lejos, en Segovia. Viene cuando puede y cuando no nos acercamos nosotros a llevarle placas o máquinas para reparar. Cogemos una furgoneta, cargamos las cosas y hacemos un viaje», nos explica mientras nos enseña un Darkstalkers con un botón estropeado que acaban de reparar.

Anna, José e Iñaki están preparando todo para la apertura de esta tarde. Cuidan cada detalle con mimo, ya que cada día de apertura es casi como un estreno para ellos. «Sólo abrimos un par de veces al mes. Se estudia el calendario por si hay otros eventos de videojuegos cerca de nuestra zona y así aprovechar y que venga gente no habitual a conocernos. Las fechas de apertura se discuten con los socios y cuando se han decidido definitivamente se comunican el mes anterior», nos explican. ¿Por qué no abren más días al año? Aún con el ya notable éxito de la asociación y las muchas peticiones Arcade Vintage tiene complicaciones para ampliar su calendario. «Si fuera por los socios abriríamos todos los días. Este verano nos planteamos cerrar en agosto para descansar, pero no hemos podido porque mucha gente estaba de vacaciones por la zona y nos escribían para preguntar si podían venir. Al final abrimos dos días, como cualquier otro mes del año», nos confirman. «El principal problema para no abrir más días al mes es nuestra propia disponibilidad, ni más ni menos. Tenemos trabajo y vida personal, no podemos dedicarle a la asociación todo el tiempo que nos gustaría, pero intentamos que todo el mundo esté contento», concluye dejando claro que existe un especial compromiso con los asociados de Arcade Vintage de otras zonas de España.

Los socios de los que habla José son en la actualidad una veintena. «Somos poca gente en realidad, lo sabemos. Nuestro objetivo es crecer en masa de asociados porque de esa forma podríamos tener una previsión mayor a la hora de planear mejoras en el local». ¿Cómo es su masa social? José nos da las claves de su público objetivo. «Aquí viene gente de todas las edades, pero diría que la media de edad de nuestros asociados es alta. Todos han vivido el auge de los salones recreativos, por eso pasan la treintena y por eso quieren venir a conocer Arcade Vintage. Bien es cierto que muchas de esas personas vienen con niños pequeños, porque quieren que conozcan esta experiencia, quieren compartirla con ellos», comenta. Lo que está claro es que los asociados de Arcade Vintage se suman a la propuesta por un motivo principal: acceder al local todos los días de apertura. Sin embargo no es esa la única ventaja de la que pueden disfrutar con sus aportaciones. «Si eres socio y tienes una máquina recreativa en casa los expertos restauradores y técnicos de Arcade Vintage están a tu disposición», nos explica José. «Existe la posibilidad de tener servicio técnico a domicilio, descuentos en las reparaciones o poder hacer consultas técnicas». Esto, que no es una de las ventajas que más se conocen de la asociación, no deja de ser algo accesorio por el momento. José ve otra ventaja fundamental a la hora de plantearse incorporarse a Arcade Vintage: «Hay mucha gente que querría tener una recreativa en su casa, que la meterían allí sin dudarlo. Tú ves un pinball o una recreativa por ahí y no lo dudas, la quieres, pero ¿dónde la metes? ¿Y si se te rompe, cómo la arreglas? Asociarse a Arcade Vintage es la forma de tener tus máquinas recreativas a mano, poder jugar con ellas cuando quieras y despreocuparte de lo demás». Esa es quizá la clave del éxito de Arcade Vintage, poder jugar con las máquinas de toda la vida sin preocuparse de nada más. «La gente viene a jugar, a disfrutar de la experiencia, por eso se asocian, lo demás queda un poco de lado. De ahí nuestros problemas para conseguir nuevos socios. Si no eres de una localidad cercana no puedes venir de manera habitual a jugar, así que la gente se lo piensa mucho antes de asociarse. Eso y que la situación económica actual tampoco lo permite. Sabemos que la aportación que pedimos al año es importante, lo tenemos claro. Esto es un hobby, uno que cuesta dinero, eso ya lo sabemos, pero no más caro que otros hobbys que la gente tiene. Mantener el salón activo ya conlleva un gasto importante. A las habituales facturas de agua, luz y alquiler que llegan cada mes hay que sumarle otros factores que condicionan la apertura del local y el disfrute de la experiencia de Arcade Vintage», explica José con mucha seriedad.

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Arcade Vintage también vive de las donaciones, no sólo económicas, ya que alguna persona ha donado máquinas originales para la causa. Queremos saber si alguna vez han rechazado algún ofrecimiento de este tipo. «La falta de espacio es nuestro mayor problema, pero nunca hemos tenido que rechazar nada que nos hayan ofrecido. Nos las apañamos para meter todo donde podemos, aquí, en el almacén o en nuestras casas particulares. Todo lo que podamos conseguir nos vale, desde placas jamma o prejamma a piezas necesarias como resistencias o condensadores», nos explica.

Uno de los principales quebraderos de cabeza de José y de la asociación es el transporte. Trasladar una de estas máquinas por carretera no debe ser precisamente fácil, le preguntamos. «Trasladarlas es muy complicado. A veces usamos transportes propios, nosotros mismos nos animamos a ir a buscarlas por España o incluso fuera y nos pegamos un viaje que a veces dura hasta varios días. Nos gusta hacerlo porque así aprovechamos para ver a conocidos que están repartidos por España, ver colecciones privadas, hacer turismo… », dice riéndose. «Otras veces no nos queda más remedio que pagar a un transportista, lo que encarece aún más las compras que hacemos para Arcade Vintage. Cada una de estas máquinas cuesta entre quinientos y mil euros, dependiendo del estado, así que todo lo que podamos quitarnos en su adquisición será bienvenido, sea el transporte o lo que sea», sentencia. La siguiente pregunta es, por tanto, obvia. ¿Qué pasó en Shipping Wars, el programa de la televisión inglesa en el que salieron hace tiempo? José sonríe antes de darnos su opinión sobre lo sucedido. «Opino que las máquinas no se rompieron en el trayecto. Yo creo que el programa se encarga de añadir drama al asunto, por algo es televisión. Es que es muy difícil cargarse una máquina de estas al transportarla, lo sé por las que transporto yo y por nuestra experiencia cuando nos las traen otras personas aquí. Esas dos máquinas fueron las únicas que han llegado sin funcionar y yo creo que fue para poder grabar nuestras caras al ver que estaban averiadas. Pero bueno, aquello ayudó a dar a conocer Arcade Vintage y las máquinas se pudieron reparar, así que la cosa acabó bien», concluye sonriendo.

José nos pide que le disculpemos un segundo: su mujer y su hija han entrado en el local buscándole. Como no podía ser de otro modo su pequeña le pide que conecte una pequeña recreativa bartop que tienen en la entrada del local. Allí se entretiene un rato jugando a Sonic. Aprovechamos para preguntarle por su familia y saber qué piensan en su casa de todo esto. «Yo tengo mucha suerte, mi mujer es muy comprensiva. Entiende que esto es mi afición y me permite invertir mucho de mi tiempo libre en ello. Digo que tengo suerte porque conocemos a mucha gente que quiere ayudar, gente que sabe mucho de estos temas y que no puede venir porque no tiene tiempo. Por eso me considero un afortunado», comenta para después ir a despedirse de ellas en la puerta.

Arcade Vintage es pionero en esta materia, en la creación de nuevos salones recreativos como asociaciones culturales, pero su idea empieza a ser replicada en otras ciudades españolas. ¿Qué opina José de esto? «Estamos en contacto con varias personas que están iniciando un proyecto como el nuestro en otras ciudades, como Silla en Valencia o Barcelona. Nos ofrecemos como asociación para asesorar y ayudar al que quiera hacer algo como esto en su ciudad», afirma. El futuro que José imagina cuando se habla de este tema no puede ser más halagüeño: «Yo me imagino una red de asociaciones como la nuestra, en los que se pudieran hacer torneos nacionales, compartiendo conocimientos, intercambiando maquinas… Sería increíble poder ver algo así en el futuro». José mira a sus compañeros, que asienten con la cabeza. No cabe duda de que todos los presentes esperamos ver algo así en algún momento de nuestras vidas, al menos otra vez.

El reloj ha volado y ya es hora de parar para comer, aunque sea rápidamente. Nos sentamos a la mesa con la intención de preguntar a José por sus motivaciones más personales a la hora de poner en marcha un proyecto como este. La idea tiene un doble origen. «Yo siempre había visto las mancaves de los americanos y me parecían una cosa tremenda, algo a replicar sin duda. Llevaba tiempo con la idea en la cabeza, sin saber muy bien qué hacer, pero en el año 2013, durante Retromadrid de ese año, algo hizo clic en mi cabeza. Ahí pude ver las máquinas de AUMAP, el Space Invaders 25º aniversario, a Pablo Avilés con su exposición de consolas… allí pude constatar que se podían hacer cosas ya no sólo para preservar la cultura del videojuego, sino para ir un poco más allá. Pensé en las colecciones de arcades privadas que debía haber por ahí, máquinas perfectamente conservadas que sólo podían ser disfrutadas por sus dueños porque no suelen exhibirse. El hábitat natural de estos muebles tiene que ser el salón recreativo para poder estar junto a otros de su especie, para poder replicar la experiencia original de hace treinta años. Ya no podía quitarme la idea de la cabeza, así que regresé a casa y empecé con ello incluyendo a mi hermano en toda esta aventura», recuerda.

José tiene un recuerdo particular de aquellos años de los que nos habla y nos relata las sensaciones que tuvo la primera vez que pisó un salón recreativo junto a su hermano Joaquín. «El primer recreativo que yo pisé estaba en Novelda. Era un verdadero zulo que estaba en el casino de la ciudad. Bajabas unas escaleras y allí, en un sótano bastante oscuro, tenían dos recreativas, Pac-Man y Pengo. También había dos mesas de ping pong y un billar. Pero antes de eso, antes de que hubiera salones recreativos propiamente dichos, los chavales de aquellos años podían jugar en las ferias de los pueblos. Los feriantes traían las máquinas junto con sus atracciones y casetas y las ponían en la calle, en la zona del ferial, al lado de los coches de choque para que la gente las viera y jugara. Yo recuerdo haber jugado ahí a Centipede y a Space Invaders, por ejemplo. Y también recuerdo que se formaban unas colas interminables para poder jugar… ».

Aquellas primeras experiencias con videojuegos se grabaron a fuego en la memoria de José. Le preguntamos qué significado tenía para él un salón recreativo en aquel entonces. «Cuando pienso en los salones recreativos lo primero que me viene a la cabeza es que era el sitio de reunión de todos los amigos. No había móviles, ni ordenadores, ni consolas; tenías que pasar toda la tarde allí jugando y con sólo veinte duros, o incluso menos. Me vienen a la cabeza muchos recuerdos, casi todos relacionados con las personas que poblaban esos locales. Era un mundo de relaciones personales en el que la música de los arcades y sus característicos sonidos se te grababan en la memoria para siempre», dice con tono nostálgico. El entusiasmo que transmite al relatar esto nos hace ver que es eso justo lo que intenta transmitir en la experiencia de Arcade Vintage, sin duda. Nos ha hablado de algunos juegos, pero ¿cuáles son sus favoritos? José tiene problemas a la hora de elegir solo uno. «Elegir sólo un título es muy difícil, imposible. Elegiría Defender, que es el título de los ochenta que más me gusta. Lo conocí aquí, no lo había jugado en su día y estoy verdaderamente enganchado, aunque reconozco que es un videojuego que amas o que odias, que no deja a nadie indiferente. Out Run también tiene algo especial y juego bastante con él. Tampoco puedo dejarme fuera de la lista a Street Fighter II. Aquí tenemos la versión Champion Edition, para que haya más posibilidades a la hora de elegir luchador», explica.

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Es sencillo percibir que José tiene especial predilección por los videojuegos antiguos, cuanto más viejos mejor. Su preferencia tiene una explicación sencilla: «Las máquinas de los ochenta cuyos muebles sólo servían para un único juego acababan en la mayoría de casos destruidas. Cuando el juego pasaba de moda se cambiaban por otras más modernas porque costaba más modificar la cabina que hacer un mueble nuevo. Por eso son más raras de ver y por eso mucha gente no las ha podido disfrutar. Con las máquinas genéricas de placas jamma ya no existía ese problema; podías cambiar el juego y aprovechar el mueble. Esas las conoce todo el mundo, las otras no», comenta con rotundidad.

Tenemos la suerte de poder conocer a Rafa, uno de los técnicos de los que José nos hablaba por la mañana, que se sienta a la mesa del restaurante con nosotros. Le acompaña uno de sus trillizos, el que ha heredado en mayor grado su afición por las máquinas clásicas. José sólo puede hablar bien de su trabajo. «Rafa es un verdadero técnico de recreativas, no en vano ha trabajado desde que era bien joven como técnico electrónico en una empresa operadora de videojuegos. A los seis años ya limpiaba máquinas de pinball y al poco tiempo empezó a reparar recreativas. No sólo arreglaba máquinas, sino que también hacía copias de juegos», remarca. «Cogía un Galaxian y lo convertía en un Amidar, o alguna otra máquina de la época. Vive en Alicante, a veinte minutos de Petrer, así que tenemos mucha suerte de tenerlo cerca porque acude siempre que puede a nuestra llamada». Su objetivo de hoy es arreglar un pinball y el Frogger, que están estropeados, antes de la apertura del local por la tarde. Aprovechamos y les preguntamos si cada día de apertura hay que lamentar muchas averías o no. Según nos cuentan, siempre pasa algo. «Siempre que abrimos el local hay alguna víctima. Son máquinas muy antiguas, de más de treinta años, así que es normal que alguna pieza se acabe rompiendo. No se rompen porque la gente las trate mal, al contrario, se debe a un uso normal. Necesitan un continuo mantenimiento para seguir funcionando a la perfección y nosotros ponemos mucho cuidado en ello», nos cuentan ambos. «Además, si alguna máquina falla yo creo que eso también entra dentro de la experiencia clásica de los arcades de toda la vida», comenta José. «Todos hemos jugado en máquinas que no estaban bien, máquinas a las que les fallaba un botón o la palanca no se movía bien… y aun así nos adaptábamos y seguíamos jugando». No le falta razón, la verdad. Después de haber visto el estado de sus recreativas y lo cuidadas que están nos extrañaría que alguien hubiera puesto pega alguna, pero por si acaso le preguntamos.«Aquí la gente se queja poco porque todas nuestras máquinas están bien cuidadas e intentamos que funcionen lo mejor posible, ya lo habéis visto. De la gente que ha venido a visitarnos recuerdo por ejemplo a Nacho Ortiz que es un jugador muy competitivo y cuando organizamos el torneo de Meristation en el salón. Quería que pusiéramos los típicos Joysticks Sanwa Japoneses en la máquina de Street Fighter, porque no se apañaba bien con los típicos de “industrias Lorenzo” más típicos en los recreativos españoles. ¡Aun sin eso ganó el torneo!» José bromea sobre esto, ya que Nacho Ortiz y él son amigos de la juventud. «Nacho es de Elda, éramos vecinos. Nos llevábamos fenomenal porque a los dos nos gustaban mucho los videojuegos. Jugábamos sobre todo a la Super Nintendo. Siempre le agradeceremos el apoyo que dio a Arcade Vintage tanto a nivel personal como a través de Meristation, ya que cuando vinieron a hacer ese torneo el vídeo que pusieron en la web tuvo miles de visitas y nos dio mucha visibilidad», comenta demostrando agradecimiento.

Lo de los eventos privados, como este que nos comenta, parece también una buena vía de financiación para la asociación. La idea les ronda la cabeza desde hace ya mucho tiempo. «Lo de los eventos privados es algo que nos gustaría potenciar, porque creemos que tenemos un escenario maravilloso para hacer presentaciones de videojuegos, torneos de empresa, ponencias… Es cierto que no estamos en el sitio adecuado para esto, pero no queremos dejar de intentarlo. Por aquí ya han pasado asociaciones como Fungames, Retroalba… Tenemos un libro de visitas en el que ya ha firmado bastante gente, y más que queremos que firmen», dice de manera decidida.

La lista de anécdotas que puede contar acerca de las restauraciones de las máquinas es interminable. «Cuando llega una máquina nueva y la abrimos para restaurarla nos encontramos de todo, desde los típicos quemazos de cigarro en el mueble a máquinas verdaderamente maltratadas gracias a un cincel y un martillo». Cuando las abren las sorpresas pueden ser de todo tipo, desde las odiosas cáscaras de pipa hasta preservativos. «Tiene su explicación, aunque parezca mentira», nos cuenta Rafa el técnico. «Había monederos que se volvían locos y daban partidas gratis cuando echabas orina por la ranura, así que la gente se animaba a traer su líquido amarillo en un condón a ver qué pasaba», comenta ante nuestra sorpresa. La pillería reinaba en los recreativos y los visitantes buscaban con ahínco la forma de jugar gratis. «Había trucos de todo tipo: anillas de cobre que simulaban una moneda, monedas atadas a un hilo de pescar de las que poder tirar una vez entraba en el monedero, el magiclick, que era el encendedor de cualquier caldera que con su chispa eléctrica daba créditos gratis en algunas máquinas, o sencillamente echar un duro a lo bestia hasta que te daba una partida… » son algunas de las tretas que enumera en este apartado. «Aquí en Arcade Vintage no tenemos ese problema. La gente es respetuosa con las máquinas y las tratan muy bien cuando juegan con ellas», dice sin duda.

Hablamos de otro tipo de pillerías, esta vez ya no las de los usuarios, sino las de los operadores de recreativas de aquel entonces. ¿Todos los juegos que se exponen en Arcade Vintage son originales o se puede jugar a alguna placa bootleg? José nos explica qué tienen y nos da su opinión sobre ello. «Tenemos de todo, porque en aquella época había de todo, y más en España. Este país fue un verdadero piélago de placas piratas. Había empresas como Sonic que preferían hacerse con la licencia original del Asteroids de Atari, por decir una, y creaba un mueble decorado en el que jugar a ese juego usando una placa original. También había empresas que preferían hacer su propio juego copiado, llamarlo de otra manera y distribuirlo en los salones para ahorrarse el dinero de la licencia. Así podías encontrar arcades con un Pac-Man original, y otros con el mismo juego pero que se llamaba de otra forma, como el Come-Come, que era la versión no licenciada que había hecho la empresa Petaco». ¿Y qué prefiere él? José nos comenta que en la asociación hay bastante discusión sobre este asunto: «Hay gente que defiende lo original y gente que defiende lo puramente español. A mí me gustan ambos enfoques, pero si tengo que elegir prefiero lo original o al menos el mueble licenciado con las placas originales de desarrolladores como Atari o Data East, pero aquí todo es cuestión de gustos, y nosotros como asociación tratamos de satisfacerlos todos», remarca.

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De nuevo en el salón de Arcade Vintage José y los demás dan los últimos retoques a máquinas y sala para que todo esté perfecto de cara a la apertura. Faltan pocos minutos para las 18:00 horas y ya hay gente esperando a las puertas del local. Un hombre de mediana edad ha venido acompañado de tres chavales de, calculamos, unos doce años. Se nota que están muy nerviosos porque, como comentan, es la primera vez que vienen a Arcade Vintage. El resto de visitantes y socios esperan sentados en la terraza del bar que está al lado del salón. Como bien señalaba José antes todos pasan la treintena. Con algo de retraso la persiana metálica a medio bajar se abre por completo, lo que permite por fin la entrada del público. La ambientación del local es magnífica, con pósters de videojuegos clásicos y neones con los logos de las desarrolladoras más conocidas decorando las pocas paredes que se dejan ver. José nos comenta que están a la venta, pero sólo por encargo. No somos capaces de convencerle para que descuelgue y nos venda uno con el logo de Data East que nos tiene enamorados. Tendremos que hacer un encargo, está claro.

Los socios de un único día debemos pasar por la barra del local, donde Octavio, el secretario de la asociación, toma nuestros datos personales y nos pone un sello en la mano para atestiguar que ya hemos pagado. El space invader de tinta verde nos da acceso a toda la diversión que encierra Arcade Vintage. Poco a poco el salón se llena de gente que se va colocando delante de sus máquinas favoritas para disfrutar de una partida. Algunos usan los taburetes dispuestos por el local, otros prefieren jugar de pie, buscando una postura cómoda. Empezamos a averiguar qué juegos son los que más éxito tienen en el local, como Out Run o Virtua Racing, los que tienen los muebles más llamativos. Se forman ligeras colas para jugar por turnos y para ver qué tal lo hace el que está disputando la carrera actual.

Viendo la afluencia de personas en el local preguntamos a José por el primer día de apertura de la asociación, para saber cuánto ha cambiado todo en este año y medio de existencia de Arcade Vintage. «El primer día que abrimos sólo estábamos los socios, éramos doce personas», nos explica. «Hicimos una reunión de brainstorming, para compartir ideas. Antes, con mi colección privada, ya quedábamos a veces como local cerrado, como si fuera mi casa, haciendo torneos de juegos de los 80. De ahí surgió la idea de convertirnos en asociación», recuerda.

Llama la atención que no todas las máquinas están encendidas, sino que varias permanecen apagadas. José nos explica el porqué: «No podemos encenderlas todas a la vez porque superaríamos la potencia contratada con la distribuidora eléctrica». Nos lleva hasta una esquina donde tienen un pequeño display que muestra la potencia consumida en ese momento. «Controlamos el consumo casi al minuto porque en caso de que haya un apagón las máquinas pueden estropearse. Tenemos pensado contratar más potencia en breve, pero hasta entonces no tenemos más remedio que ir encendiendo y apagando máquinas según se va desarrollando la jornada». La gente que quiere jugar a un determinado juego puede pedírselo a alguno de los socios-ayudantes de Arcade Vintage, que amablemente encenderán ese arcade para él», nos explica.

Una voz reclama a José desde la entrada del local porque una pareja viene a pedir información acerca de la asociación y lo que allí hacen. José y Octavio les explican qué es Arcade Vintage para que decidan si quieren inscribir a sus hijos. Después de dejarles dar una vuelta por el salón y resolver las pocas dudas que tienen concluyen que podrán inscribir a su hijo mayor desde ya y esperarán un poco más para apuntar al pequeño, ya que los menores tienen que estar acompañados por un familiar mayor de edad cuando vienen al salón. Intercambian los datos para formalizar la inscripción a lo largo de la semana próxima.

La ambientación del local no funcionaría sin los reconocibles sonidos de aquellos salones recreativos, que como no podía ser de otra manera también están presentes en Arcade Vintage: gritos, risas, el chirriar de las banquetas cuando son arrastradas por el suelo y la poco armoniosa —pero encantadora— música que componen las más de veinte máquinas recreativas cuyo sonido se percibe a la vez. Sin embargo la mayor fuente de ruido proviene de un lugar muy concreto: el futbolín. De manera espontánea se han organizado diversos equipos que se turnan para jugar. Es un “rey de la mesa” en el que hay bastante alternancia entre los equipos. El sonido de las bolas contra la madera y los gritos de los jugadores y espectadores ante las jugadas consiguen atraer la atención de muchos de los presentes en el salón. El nivel que muestran es bueno, ya que nadie acaba pasando por debajo de la mesa, como dicta el reglamento.

Viendo a la gente que sale del local con un pitillo en la boca advertimos una diferencia clara respecto a los salones recreativos de hace veinticinco años: en Arcade Vintage no se puede fumar.«No está permitido porque la ley ya no deja que se fume en lugares públicos, y menos aquí, que entran niños pequeños», nos cuenta José.«De aquello tenemos como recuerdo los ceniceros de las máquinas. Yo personalmente me alegro de que no se pueda fumar, nos evitamos problemas porque seguro que sin querer se estropeaba alguna máquina, como pasaba entonces. No lo echo de menos, vaya», apostilla.

La nube de humo de tabaco no es lo único que no se ha podido trasladar de la experiencia original de los arcades. José nos explica qué más tienen pendiente: «Hay una cosa que no hemos sido capaces de replicar, y es que la gente valore cada crédito como lo valoraba en aquel entonces. Tú tenías cinco duros, los metías para jugar una partida y a partir de ese momento no había nada más, esa partida era tu vida. Esos cinco duros te tenían que durar lo máximo posible y tú tenías que estar concentrado a tope en el juego. Como aquí no hay que echar monedas para poder jugar las partidas son mucho más relajadas», nos explica. Por eso han creado una tabla de récords, una pizarra verde que se actualiza siempre que alguien bate la mejor puntuación de un juego y que preside el salón desde la gran columna central y que busca combatir el free play. «Pensamos en esto como solución y la verdad es que funciona. La gente se pica con las puntuaciones y juega a tope cada partida. Esto también ayuda a que la gente se anime a ver jugar a otros, a los que mejor lo hacen, porque siempre hay algo nuevo que aprender en cada juego», dice señalando con su dedo la pizarra colgada. José tiene toda la razón, porque al rato nos sorprendemos viendo cómo dos jugadores que empuñan las pistolas de The House of the Dead no recargan el arma apuntando fuera de la pantalla, sino que tapan con su mano el cañón para que las balas se restauren, un truco que desconocíamos.

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Como no podía ser de otra forma no todo es jugar en Arcade Vintage. Después de un buen rato de juego libre Octavio reúne a los visitantes del día para hacer un tour explicativo sobre el proyecto y el local. El afán divulgativo de la asociación se hace patente en la charla. Nos reúne a todos en la entrada del salón para explicar los orígenes de la asociación y su interés en promocionar la cultura arcade, para luego enseñar a los visitantes las distintas zonas de juego y contar alguna curiosidad sobre los títulos disponibles en ese momento en el salón. Y es que la rotación de máquinas en Arcade Vintage es algo necesario para el funcionamiento del local, y también para José. «Cambiamos los videojuegos expuestos con frecuencia para que la gente se siga interesando por Arcade Vintage, no podemos tener siempre las mismas máquinas. Cambiamos con asiduidad las placas de las máquinas de los 90 e intentamos conseguir nuevos juegos originales para que la gente se sienta atraída. Es lo mismo que ocurría en los recreativos de aquel entonces, ninguno tenía siempre los mismos juegos, perdían atractivo». Esto también se debe a problemas organizativos y económicos, algo que por desgracia también afecta a la asociación. «Teníamos un Daytona USA 2 que tenía mucho éxito pero lo tuvimos que vender una vez restaurado para poder adquirir otras máquinas que teníamos en mente. No hay otra forma de hacerlo», comenta José no sin cierta pena en sus palabras.

Muchos de los visitantes paran a José cuando se mueve por el salón para preguntarle por un arcade muy concreto: «La gente nos pregunta mucho por el arcade de Donkey Kong porque anunciamos en las redes sociales que habíamos conseguido uno. Tenemos la cabina y una placa original, pero aún lo estamos restaurando», explica a todo el que pregunta por este asunto. El tiempo vuela entra partida y partida sin apenas darnos cuenta. Recuperamos viejas sensaciones con Time Crisis 2, probamos de nuevo la tensión de los músculos de la mano aporreando botones en Hyper Olympics y vemos cómo un verdadero experto en Out Run acaba el juego una y otra vez, conduciendo por sus distintas rutas, usando únicamente la palma de su mano para controlar el volante. También intentamos batir el récord de Arkanoid, los 50.000 puntos que la máquina señala cada vez que se enciende y que nadie ha podido conseguir hasta la fecha como atestigua la pizarra de récords, aunque sin éxito. No dejamos tampoco de probar juegos que no hemos disfrutado en su día, como las versiones ochenteras de algunos clásicos como Centipide, Tempest, Asteroids, Scramble, Frogger —ya reparado gracias a Rafa— o Ghost Town, una galería de tiro con escopeta en la que hay que tirar veintiuna dianas con el mismo número de tiros y en tan sólo treinta segundos, un reto a la antigua usanza.

A punto de entrar ya la noche en Petrer las luces del salón se apagan. Entra en escena lo que en Arcade Vintage llaman “Modo Tron”, momento en el que las luces fluorescentes y estroboscópicas toman el protagonismo del salón. Es el momento en el que la música también hace su aparición para sobreponerse al intenso ruido de las recreativas y sus jugadores. Rápidamente reconocemos que la música elegida para esta jornada es la banda sonora de Hotline Miami. José nos confirma que tenemos buen oído y nos habla de uno de sus futuros proyectos en relación a la ambientación del salón: «Tenemos dos platos a los que hay que buscarles un buen amplificador y que, junto a una buena tonelada de vinilos de música de los 80 y 90, harán las delicias de los asociados», nos cuenta ilusionado. Mientras eso ocurra la música seguirá saliendo desde alguna de las torres de sonido repartidas por el local.

Mucha actividad alrededor de la zona de juegos de lucha. De repente alguien empieza a vocear a grito pelado: se buscan jugadores de Street Fighter II para organizar una mini-competición. El listado de cruces está en la barra, así que nos acercamos para beber alguno de los refrescos que amablemente dispone gratuitamente Arcade Vintage para sus visitantes cada tarde y nos apuntamos a la competición. El número de jugadores que se animan a participar es alto. Se establece como norma que el campo de juego tiene que ser sorteado, ya que todo el mundo quiere jugar a la izquierda de la máquina. Después de varios combates ganados me veo en las semifinales del torneo. José me hace ver que no voy a alzarme con la victoria: «Prepárate, te ha tocado contra César. Le he visto ganar muchos torneos de este juego». César no es solo un hacha en este juego, sino en muchos otros. «Es “Recordman” del Gauntlet a través de Internet, con el M.A.M.E.», me cuentan. Entiendo que no lo voy a tener fácil.

La gente que observa la competición intenta darme consejos para ganarle. «Va a coger a M. Bison, cuidado con la cerilla, que la hace todo el rato y  quita mucha vida». No entiendo bien lo que me dicen, pero al poco de empezar el combate ya sé que hablan de uno de los movimientos especiales del personaje, el psycho crusher. Recibo una considerable paliza en el primer asalto, intentando averiguar sus rutinas. El segundo round está más igualado y no sin sufrir bastante ambos llegamos al final con una porción mínima de vida. Contrarresto su “cerilla” final con un shoryuken que me adjudica esa victoria de una manera bastante vistosa y emocionante. La gente grita a mi alrededor, me dan palmadas en la espalda y me felicitan, ya que es el primer round que César pierde en la competición. Le toco el hombro para decirle: «¡Menudo combate!», pero ni se inmuta. No quita la vista de la pantalla, está totalmente concentrado, abosorto. Ahora es él quien ha encontrado mis puntos débiles, así que no tardo demasiado en caer derrotado. Nos damos la mano y le deseo suerte en la final que se disputa a continuación. No le hace mucha falta, ya que arrasa a su oponente. Acabo contento al comprobar que he sido el que más difícil se lo ha puesto durante la tarde.

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Son las 22:00 horas y el salón tiene que cerrar. Los socios-colaboradores de Arcade Vintage van invitando a los asistentes a salir amablemente del local. Los que aún siguen jugando apuran sus últimas partidas. Pasarán unas cuantas semanas hasta que las puertas del salón se vuelvan a abrir. Para José la noche no ha acabado. Él, junto a Octavio, Ana, Rafa e Iñaki comienzan a recoger y colocar todo para la próxima apertura. Les toca madrugar mañana, ya que José ha organizado un viaje a Segovia para llevar diversas máquinas y placas a Ricardo, el técnico del que también nos ha hablado. Ya con el local vacío, tal y como lo encontramos cuando llegamos, son ellos los que quieren preguntarnos a nosotros y saber cómo nos hemos sentido al disfrutar de la experiencia de Arcade Vintage. No les sorprende que creamos que han convertido su asociación en una verdadera máquina del tiempo para los amantes de los videojuegos, y a Petrer, en obligatorio lugar de peregrinaje para los fanáticos de la cultura arcade. Por sus miradas entre ellos podemos ver que no es la primera vez que se lo dicen. «Para nosotros es un orgullo ser una asociación cultural sin ánimo de lucro y ayudar a que los videojuegos se consideren cultura. Aquí hay máquinas recreativas, pero podría haber cuadros… », nos dicen con orgullo en sus palabras Octavio. No es para menos, porque lo que han conseguido aquí es digno de ver. No es sólo el valor de cada máquina de manera individual, que lo tienen, sino el intangible que supone poder disfrutar de todas ellas como están aquí, juntas. Sin embargo para José el mayor logro de Arcade Vintage es otro:«La mayor satisfacción es haber hecho algo social. ¿Para qué quiero yo cuarenta recreativas en mi casa si no puedo disfrutarlas con quien comparte mi afición, o con gente que aún no conozco y que me gustaría conocer porque les gusta lo mismo que a mí? Conocer gente, compartir experiencias, jugar, aprender… En Arcade Vintage a todos nos une la misma cosa: el amor por los videojuegos clásicos. Aquí da igual de qué equipo de fútbol seas, tu color político o cualquier otra de las muchas cosas que por desgracia nos suelen separar. Aquí todo gira en torno a los videojuegos, no hay otra cosa». Y no le falta razón. No es solo retroconservación, sino algo que lo supera. Ahora sabemos que eso es lo que significa Arcade Vintage en realidad.

Nos vamos dándoles las gracias por su amabilidad y les animamos a que conserven su ilusión y afán para con su increíble proyecto. Firmamos en su libro de visitas y nos despedimos de ellos como más les gusta, con una sonrisa en la cara. «Que la gente venga, se asocien, que estén a gusto y que salgan con una sonrisa en la cara es lo que más nos llena, de verdad. Que nuestro trabajo y esfuerzo haga feliz a alguien, aunque sea sólo por un rato, es nuestra verdadera recompensa», nos dice José al despedirse, contento al ver nuestras caras de satisfacción antes de apretarle la mano y desearle un feliz viaje mañana.

Arcade Vintage ha cumplido nuestras expectativas a la perfección, de eso no cabe duda. En lo que a mí respecta las ha superado ampliamente porque hace tan sólo unos minutos, sin que nadie me viera, saqué del bolsillo la moneda de veinticinco pesetas —de las antiguas, del mundial 82— que tan cuidadosamente traje conmigo para deslizarla por la ranura del monedero de uno de mis juegos favoritos. Arcade Vintage me ha permitido volver a hacer incluso eso.

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Ricardo Suárez

Psicólogo especializado en tecnología y seguridad que se gana la vida hablando sin parar. Aficionado a los videojuegos y a cualquier cosa que implique pura y sencilla competición. Colaborador ocasional en Spherasports.com y Jot Down Spain. Siempre lleva traje.

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